El día después de los saleros: un ejemplo de comunicación simbólica de impacto y puesta en valor a través de mediador interno.

Es habitual que utilice en mis conferencias el símbolo como elemento que es capaz de sostener la atención de los participantes, al tiempo que provoca algún tipo de emoción y sobre el mismo vamos construyendo una comprensión clara de una idea o concepto importante: atención + emoción + comprensión, todo eso puede ser capaz de generar un sencillo objeto simbólico, siempre y cuando se presente de la forma oportuna, en el momento oportuno y relacionado oportunamente con el tema que nos atañe. Igualmente cierto es que un símbolo / objeto no presentado de la forma oportuna, y poco relacionado con el tema que nos ocupa, o metido con calzador, provoca justo el efecto contrario: pérdida de la atención del público y de la credibilidad profesional del ponente.

Hace relativamente poco, en una conferencia sobre las 10 Claves para una Escuela Humanizadora en dos colegios de Escolapias de Logroño, en una de las claves, en concreto la de "Humanizar el currículo" me pareció oportuno presentar un salero aprovechando las siglas de la palabra SAL con tres palabras para poner en todo lo que hagamos: Servicio + Amor + Luz. Tanto el símbolo de la SAL como las palabras Servicio, Amor y Luz, resuenan con fuerza en el contexto de una escuela católica, como era el caso, pero no es menos cierto que todos tenemos la experiencia de hacer algo "soso" o de hacer algo que tenga una pizca de "sabor". La psicología positiva actual nos invita a "saborear la vida" a tener experiencias de saboreo, como una forma de vivir con atención plena en el presente, de estar aquí y ahora cuando hay que estar. Y todo ello, puede ser simbolizado por un salero: una vida con sabor frente a una vida sosa.




Volviendo al tema, era una invitación al profesorado a poner esa pizca de SAL en los contenidos de su asignatura, en aderezarlos con valores humanos relacionados con el servicio (solidaridad), con el amor (humanidad) y con la luz (verdad). Al día siguiente pude ver en twitter como en uno de los colegios, una persona, tomó la iniciativa de comprar saleros para todos los profesores/as, etiquetarlos con las palabras Servicio, Amor y Luz y repartirlos a todos para que los tengan en el aula, justo como les sugerí en la conferencia. No se si en el otro colegio se hizo también, posiblemente se haga por cercanía y contagio institucional, pero lo que si sé es que este tipo de ideas siempre necesita de esos MEDIADORES que las facilitan y las ponen en práctica, y aquí surgió uno de forma improvisada. Esta es una CLAVE fundamental para sacar el mayor partido posible a la inversión en los ponentes: ¿La tenemos en cuenta? ¿En qué medida facilitamos que lo que nos cuenta un experto/a aporta valor, para que no se olvide al día siguiente?

Yo que soy consciente de ello, suelo aportar mis vídeos post-conferencia a los clientes, y también aprovecho la propia conferencia para lanzar constantemente ideas y sugerencias de cosas que se pueden hacer desde el día siguiente. En esta lancé muchas, y al menos una de ellas, el salero, llegó a las aulas. Posiblemente también lleguen "La pulsera todos incluidos" o la "Bandeja del liderazgo de servicio" a través de otro mediador, o de una decisión tras una reunión.

Esta figura del mediador o embajador de determinados valores de la cultura en la empresa existe en realidad, con diferentes nombres: en la última gran empresa que estuve facilitando un taller, se llamaban los "champions", y había un "champion" por cada valor / objetivo importante, debidamente identificado con una chapa. Bueno, es una estupenda iniciativa, pero me da la impresión que con el tiempo, el rol de champion, o como se le llame, se desgasta y deja de tener su efecto. Me parece que tiene más impacto el que una persona se entusiasme y apasione con una idea / símbolo y decida por sí misma ponerla en práctica al día siguiente, sin esperar a debatirlo en una reunión o consejo, cosa que probablemente, no sólo habría ralentizado y enfriado su puesta en práctica, sino que tal vez alguien habría objetado algún inconveniente para ponerla en marcha, que si los buscas, siempre los hay. Pero, no está de más, que institucionalmente trabajemos estas mediaciones a través de embajadores internos de los valores de la cultura. El modo, la forma de hacerlo y el nombre que le demos, eso debe decidirlo cada organización en su contexto.

Mi más profundo agradecimiento y admiración hacia los "marineros/as" que se mojan y embarcan con este tipo de pequeños, pero grandes gestos prosociales o extra-rol en las organizaciones. Ellos/as, con sus iniciativas, llegan a ser el big-ban de grandes proyectos e iniciativas.

César García-Rincón de Castro (2018).