¿Mente descafeinada, natural o torrefacta? Interesante dinámica y metáfora para mejorar nuestra productividad y el significado de lo que hacemos

Si lo pensamos bien, muchas de las cosas que hacemos en nuestra vida se parecen al funcionamiento de una cafetera: hay un contexto o fuego que es el que aporta la energía básica al sistema, el que hace hervir nuestra conducta, individual y/o colectiva, y la activa. Y este contexto cambia de un lugar al otro, y determina qué tipo de comportamientos se hacen en cada lugar: sin contexto no hay café para nadie.

En el recipiente del agua se pone lo que hacemos (TAREAS), y lo llamaremos “CUANDO HAGO….” en este contexto o fuente calorífica concreta.

En el filtro se pone el café, y lo llamaremos “Y PIENSO QUE…” que simboliza nuestros pensamientos (positivos o negativos), nuestras creencias (activantes o limitantes), así como las emociones (agradables o desagradables) asociadas a dichos pensamientos y creencias.

En la zona del vaso superior, donde aparece ya el café mezclado con el agua, los comportamientos + creencias / pensamientos / emociones, pondremos “ENTONCES OCURRE QUE…” y son los RESULTADOS finales de nuestra acción, el mayor o menor “SERVICIO” o aporte de VALOR de lo que hacemos.

Las CREENCIAS / PENSAMIENTOS pueden ser de tres tipos:
  1. Descafeinadas: se trata de creencias y pensamientos que no nos activan, no nos motivan, no nos despiertan ni provocan nada especial en lo que hacemos. Hacemos las cosas por hacerlas sin más, pero no hay pasión ni motivación al hacerlas.
  2. Naturales: son las creencias y pensamientos que tienen esa dosis natural de activación y motivación, suficiente para hacer las cosas y que aporten valor, pero sin llegar a tensionarnos en exceso, hasta el punto de poder llegar a estresarnos y perder el sueño por ello.
  3. Torrefactas: son las creencias y pensamientos sobre-activados y sobre-estimulados, bien por sustancias psicoactivas o bien por estrategias mentales irreales, ilusorias o demasiado exigentes con uno mismo y con los demás.
Para comprender mejor las creencias torrefactas, vamos a la definición de café torrefacto:

“El torrefacto es una variedad de café obtenida cuando se añade azúcar (un 15% máximo) a los granos de café durante su tostado. Al alcanzar temperaturas cercanas a los 200 °C el azúcar se carameliza y se adhiere al café, creando una película de tonalidad muy oscura y brillante, con aspecto de quemado”.

La consecuencia es que el café torrefacto: es de peor calidad, porque suele contener otros productos mezclados, es peor para la salud, pierde el aroma del café natural, es más oscuro y amargo. Con los pensamientos torrefactos pasa un poco lo mismo: no son naturales ni humanistas, son de peor calidad psíquica, nos amargan el día y nos oscurecen los objetivos.

La dinámica consiste en dar a cada equipo una cafetera y habrán de hacer lo siguiente:
  1. Determinar un CONTEXTO o espacio de interacción social en el que se activan algunos comportamientos.
  2. Hacer un breve listado de comportamientos “CUANDO HAGO…” en ese contexto.
  3. Pensar, en dicho contexto y sus comportamientos tipo, en tres tipos de PENSAMIENTOS o CREENCIAS que suelen acompañar la acción de las personas (antes, durante y después de la misma). Una de tipo descafeinada, otra de tipo natural, y otra de tipo torrefacta.
  4. Aplicar los tres filtros o creencias (descafeinado, natural y torrefacto) al menos a dos de los comportamientos “CUANDO HAGO…” y poner en el vaso superior de la cafetera (SERVICIO - VALOR) cuál es el resultado de hacer una misma tarea / comportamiento, pero con diferentes FILTROS mentales o tipos de creencias / pensamientos.
Para reflexionar tras la dinámica, podemos hacernos estas preguntas entre todos los equipos que han trabajado su cafetera:
  • ¿Somos conscientes siempre de dónde estamos y cuáles son las tareas clave en cada lugar? ¿El espacio en que actuamos, es una buena fuente de energía, es decir, es capaz de activar nuestra conducta? Si no lo hace, ¿por qué, cuál es la causa, hay pérdida de energía psico-social?
  • ¿Somos conscientes cada día de nuestras creencias y pensamientos? ¿De qué tipo son? ¿Pueden ser la causa de que lo que hacemos no aporte valor o buen servicio a otros?
  • ¿Hasta qué punto muchas veces trabajamos con nuestros extremos mentales descafeinado & torrefacto? Cuando lleva mucho tiempo sin suceder nada interesante o de valor, ¿Nos pasamos al extremo radical del torrefacto? ¿Qué consecuencias tiene en nosotros y en los demás?
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Dinámicas, juegos y recursos para educar en la solidaridad y la prosocialidad: reflexiones sobre el terreno formativo.

Uno de los talleres que más he facilitado a lo largo de mi experiencia profesional es, sin duda, el de dinámicas y juegos para educar en la solidaridad, valores, desarrollo humano, etc. Todo lo que yo denomino "Educación Prosocial" ha tenido, tiene y tendrá diversos nombres y formatos, pero en esencia los contenidos pedagógicos siguen siendo y serán los mismos: marcos de referencia psicosociales esenciales y troncales diría yo, para una buena construcción humanista de la persona.

Universidad de Andorra (curso ONGD Cooperand), FADE Murcia (proyecto de formación del voluntariado Talante Solidario), ONG ServiRD (República Dominicana), directivos y responsables de pastoral de Escuela Teresiana (curso de Experto Universitario), Asociación para la Solidaridad (curso de formación de Voluntariado), Jóvenes y Desarrollo (taller profesorado colegio Salesianos Atocha), y Conferencia Marista Española (curso educadores en la Solidaridad) son varias de las entidades con las que he trabajado en el curso 2018-2019 facilitando dinámicas, recursos, juegos y herramientas para Educar en la Solidaridad y Prosocialidad.

Decía que cambian las formas pedagógicas, las metodologías, las herramientas docentes, pero se mantiene la esencia psicosocial, con algunas innovaciones de contenidos y conocimientos que provienen de las neurociencias o la PNL. A lo largo de este curso he observado en conversaciones con los docentes y educadores en los cursos y talleres que, en esta eclosión que vivimos actualmente de innovación pedagógica y nuevas metodologías de enseñanza aprendizaje, necesitamos afrontar tres retos que también son riesgos o barreras, según se mire:

1. El reto de aprender una diversidad de nuevas herramientas docentes, sabiendo seleccionar en todo momento la más adecuada para cada objetivo de aprendizaje y contexto. La clave no es, por tanto, tener una caja de herramientas muy grande, sino saber seleccionar las más adecuadas para cada situación de aprendizaje. Y siempre me gusta decir que "no se puede construir una mesa sólo con un martillo". Con la misma herramienta de siempre (apuntes, dictados, clase magistral) no construimos nada relevante y útil.

2. El reto de evitar la "burocracia pedagógica" que implican algunos modos de programar y preparar las situaciones de aprendizaje, que suelen consumir nuestra energía y también nuestra motivación. La burocracia excesiva es paralizante y también deshumanizadora, nos puede llevar a esa "Jaula de Hierro" que describió Max Weber como alienación de la creatividad humana: las pedagogías deben ser libres y liberadoras del proceso de convertirse en persona, el desarrollo humano no puede prosperar en la cautividad racionalista. Necesitamos, hoy más que nunca, pedagogías ágiles y volver a los encuentros naturales con el alumnado, sin estar agobiados y preocupados por los formularios, plantillas, cronogramas, etc. Esto debemos hacérnoslo mirar, si nos provoca estrés, ansiedad y conflictos, algo no está bien y debemos cambiarlo. Yo personalmente "huyo" de las propuestas formativas que me exigen poca o ninguna flexibilidad y programaciones "al minuto": las suelo rechazar porque no van con mi estilo y mi convicción docente.

3. El reto de investigar e innovar también los conocimientos y contenidos psicosociales en Educación para la Solidaridad y el Desarrollo Humano, y no sólo las metodologías de su enseñanza-aprendizaje. No estoy en contra de las metodologías, por supuesto, son necesarias, pero en los últimos años es lo único que se ha innovado en lo prosocial. Y las metodologías son medios, no fines en sí mismas. Por mi parte, confieso que estoy ya un poco aburrido y hastiado de tanta metodología novedosa, o cambiada de nombre, y he decidido enfocar mis talleres más en contenidos, conocimientos, dinámicas y juegos innovadores (que al final es lo que te piden los participantes) y que cada cual luego los aplique con la metodología o herramienta que considere más adecuada a su contexto o la que esté de moda este curso académico (que este sería otro debate interesante y necesario): EpD, EpDH, ApS, PBL, ABP, DFC, FCR...