Inteligencia Emocional al Volante: un libro muy útil, práctico y sencillo para conductoras y conductores

Llevo  varios años pensando en este sencillo libro y manual, que ya está disponible en Amazon y, por fin, logré escribirlo. Lo he hecho por varias razones y por varias pasiones. La principal de ellas consiste en ayudar a prevenir y disminuir el número de accidentes en las carreteras, a contribuir en la creación de un parque móvil más colaborativo y prosocial, en el que disfrutemos más y nos relacionemos mejor unos con otros.

La segunda razón es porque me apasiona el mundo de la psicología y la sociología, a los que me dedico profesionalmente, y también me gusta el mundo del motor, los coches, incluso me gusta hacer yo mismo algunas sencillas reparaciones y mantenimientos (sin meterme en camisa de once varas, por supuesto, me considero sólo aprendiz de taller aquí), ir al desguace, pasear por la campa, en fin, es un mundillo que, desde pequeño, cuando me regalaban un coche de juguete, que entonces llamábamos “teledirigido” (¡hoy ya son de verdad!), a la media hora ya lo había desmontado para conocer sus mecanismos internos y comprender su funcionamiento: siempre me entusiasmó, era lo que más me gustaba, montar y desmontar piezas y volver a montarlas de otra manera, y así pasaba las horas. 

Ahora hago más o menos lo mismo con los mecanismos sociales y psicológicos: he llegado a conocer cómo funcionamos los seres humanos, nuestra mecánica emocional, nuestras pasiones y combustibles internos, para ayudar a la gente a poner sus vidas a punto, a hacer mejores viajes hacia los otros y por el mundo, a reparar algunas piezas del yo que no van bien del todo o están desgastadas, algunas realidades rotas y fragmentadas.

Si tuviera que definir este libro en una frase, sería algo así como un tratado de mecánica emocional básica para todo tipo de personas y conductores/as. Si además eres aficionado/a al motor, taxista, conductor/a de autobús, conductor/a de logística, profesor/a de autoescuela, mecánico/a, creo que te va a ayudar mucho, y lo vas a comprender muy bien porque los ejemplos que pongo te suenan mucho: proceso de matriculación emocional, tacómetro emocional, ITV emocional, ajustar el paralelo emocional, sistema de refrigeración mental, la batería emocional, chapa y pintura emocional. Es decir, vas a comprender muchas cosas de psicología básica desde otros conceptos y conocimientos que ya tienes, y esta metáfora te va a ayudar, y mucho, no sólo en la carretera, sino en tu vida en general.

Como experto en pedagogía y aprendizaje experiencial y competencial, siempre me ha funcionado muy bien el lenguaje metafórico, porque se fija mejor en la mente, no se olvida y permite aplicar mejor los conocimientos a la vida y realidad de cada cual. Y la metáfora de la inteligencia emocional desde el mundo del motor es la más adecuada para aprender y entrenar dicha inteligencia emocional en conductores y conductoras.

Creo que hay una necesidad real y urgente de formación y entrenamiento de la Inteligencia Emocional en la conducción, sigo sin comprender cómo no es asignatura obligatoria en las autoescuelas, y también en los procesos de re-educación de la conducción tras las sanciones graves que conllevan la pérdida de los puntos del carnet. Cualquiera que sea conductor/a se da cuenta de ello, no sólo de vez en cuando, sino “todos los días y en cada viaje o desplazamiento” te encuentras con conductores/as que han cedido el mando de sus vehículos a sus emociones (lo cuento en el capítulo 2), es decir, que están poniendo en riesgo sus vidas y las de los demás, y además ¡no lo saben! Y siempre pienso: ¡Si leyeran este libro o asistiesen a un curso sobre Inteligencia Emocional al Volante, cómo cambiaría su forma de conducir!

Las investigaciones recientes y crecientes desde los últimos 5 años, acerca de la Inteligencia Emocional y su papel clave en la conducción segura (cuando se tiene bien desarrollada, claro), ponen de manifiesto la necesidad de tomarse esta dimensión mucho más en serio. Hay dos tipos de seguridad al volante:

  1. La seguridad extrínseca, que comprende la fiabilidad del automóvil, el mantenimiento y diseño de las carreteras, los dispositivos de seguridad, las normas de tráfico, los controles y sanciones, etc.
  2. La seguridad intrínseca del conductor/a, que comprende su sistema psico-biológico, sus reflejos, atención, estado de salud de sus sentidos principales, como la vista y el oído, su personalidad-estilo de conducción (proactivo o reactivo, lo comento en el libro). Y también la propia gestión adecuada de las emociones en la conducción: es aquí donde entra mi propuesta, porque además este es uno de los factores que más accidentes causa cuando el sistema emocional del conductor no está bien configurado y programado. La buena noticia es que se puede aprender a gestionar mejor las emociones, no es un rasgo inmodificable del carácter, es una inteligencia que se puede programar (PNL), desarrollar y activar más en cada persona.

Y, ¿de qué habla este libro? Pues trata lo esencial de la Inteligencia Emocional, desde metáforas de automoción muy comprensibles para todo tipo de públicos. Incluso al lector/a entendido en inteligencia emocional, le aportará nuevos puntos de vista y comprensiones de la misma. Además incorpora un novedoso test de Inteligencia Emocional, llamado "La ITV o diagnosis emocional". Este es el índice del libro:

1. Matriculando lo que nos sucede

2. Nuestras seis compañeras de viaje

3. El tacómetro emocional

4. Ajustar el paralelo o alineación emocional

5. Las cuatro ruedas de la Inteligencia Emocional

6. El sentido de mi vida: motor de cuatro cilindros

7. Las cinco marchas del bienestar

8. Visibilidad y percepción social: gafas de conducir

9. La batería emocional: cargas y descargas

10. Refrigeración mental y ventilación emocional

11. El GPS de las emociones

12. Chapa y pintura emocional

13. Normas de tráfico emocional

Anexo 1: La ITV emocional

Anexo 2: Caso práctico “La Veloz”

Anexo 3: Juegos de Inteligencia Emocional para aprender en ruta

Hay muchas empresas y negocios vinculados al mundo del motor y la conducción, que tienen en su plantilla conductores y conductoras a los que vendría muy bien este libro, y/o el taller de formación o conferencia que imparto con el mismo como cuaderno didáctico. Siempre digo que el conductor de un vehículo de empresa es la imagen de la empresa: por muy bonito, rotulado y chulo que sea el vehículo, al final, su forma de conducir y su aspecto personal es la mejor (o peor) imagen de dicha empresa o gremio de logística, trasporte de viajeros, etc.

Insisto en mi principal deseo y objetivo con este libro: salvar vidas, contribuir a una conducción más humana, ecológica y generadora de más bienestar para todos. Por ello también voy a compartir una serie de vídeos formativos y divulgativos en mi canal de YouTube, de modo que el proyecto llegue lo más posible a más personas.

Disponible en Amazon América AQUÍ: https://www.amazon.com/dp/B08S2P8HNY

Disponible en Amazon España AQUÍ: https://www.amazon.es/dp/B08S2P8HNY

Pala, tenis y bádminton: una metáfora sobre resiliencia

Pala, tenis y bádminton son tres deportes de pelota y raqueta. La pelota del deporte de pala, bastante popular en la zona de Navarra (España), es de goma maciza, tanto que antes de comenzar a jugar hay que dar unas paladas para “calentar la pelota”, y si esta se pierde durante el partido, antes de proseguir, hay que calentar una nueva pelota. 

La pelota de tenis es de goma-caucho también, pero hueca por dentro, con aire presurizado, lo que la hace ser menos agresiva y con más capacidad de bote y moldeabilidad, además está recubierta por fuera de un material textil, tipo fieltro.

La pelota de bádminton en realidad es media pelota de un material similar al corcho, a la que se le han añadido unas plumillas para que vuele y caiga ralentizada, como un paracaídas. Se le llama volante o pluma, y parece que su origen está en los corchos de las botellas de champagne, a los que se añadieron plumas. Esto lo hicieron varios oficiales ingleses en bádminton House, para no aburrirse: tenían raquetas de tenis, y comenzaron a experimentar con los corchos del champagne un nuevo juego.

Ni qué decir tiene que no es lo mismo recibir un impacto de una pelota de goma maciza, que de una de tenis o una de bádminton. La de goma maciza, que además es pequeña y negra, es la que más velocidad alcanza, la más impredecible por tanto, y no te da tiempo a reaccionar. La de tenis es amarilla vistosa, y es posible que la veas más, su trayectoria es más previsible, y si te impacta no te provocará un traumatismo, como sí la de pala. Y la de bádminton, es la que mejor ves venir, y como cae suavemente, la puedes recoger con tus manos.

¿Y qué tiene todo esto que ver con la resiliencia? pues mucho. La resiliencia psicológica consiste en la capacidad de superar las adversidades, de superar los golpes de la vida. La resiliencia física consiste en la capacidad que tiene un material de ser flexible a las fuerzas externas para no romperse, e incluso volver a su estado natural. La pelota de pala se erosiona y cuartea con facilidad, se agrieta y pierde propiedades debido a los golpes a que es sometida. La pelota de tenis, con el tiempo también, pero conserva más tiempo sus propiedades, a no ser que seas un tenista de élite. Y la pelota de bádminton, salvo que la pierdas, es la más duradera.

Nuestra mente puede ser dura como la pelota de pala, flexible como la de tenis, o disponer de un mecanismo tipo paracaídas, como la pelota de bádminton, para evitar que los impactos del exterior (y del interior) nos hagan daño al no tener tiempo de reacción para amortiguarlos. Digamos que “las seis plumas” que amortiguan nuestros golpes y adversidades, que nos preparan mejor para afrontarlos, son las siguientes, según sugiere Luis Rojas Marcos en su libro "Superar la adversidad. El poder de la resiliencia":

1. Conexiones afectivas. Es nuestra capacidad para comunicarnos, relacionarnos, convivir conectados afectivamente y apoyarnos unos a otros. En los momentos más duros de la vida, los lazos afectivos se convierten en nuestros salvavidas. La predisposición natural a vincularnos, alimenta nuestro instinto de supervivencia, nos hace más fuertes y seguros, nos anima a apostar por la vida y a defenderla.

2. Funciones ejecutivas. Se encargan de gobernar los pensamientos, las emociones y las conductas. Para ello es esencial la capacidad de introspección, la memoria y el auto-control, entendido como capacidad de posponer y demorar a voluntad propia las gratificaciones inmediatas, y de esta forma programar estrategias a medio y largo plazo.

3. Centro de control interno. Para la resiliencia es esencial localizar y mantener el centro de control dentro de uno mismo (autonomía), saber que el resultado está en nuestras manos y no depende sólo de otros o de las circunstancias externas. Esta capacidad está relacionada con la esperanza, al proveernos de confianza en que ocurrirá, mediante nuestro esfuerzo y enfoque, aquello que deseamos que ocurra.

4. Autoestima. Sentirnos apreciados y valiosos para los demás, con capacidad para tomar decisiones y dirigir nuestro programa de vida, es esencial para una autoestima fuerte y estable. La autoestima más estable es la que se basa en el conocimiento de nuestras debilidades y fortalezas, la que nos permite aceptar con serenidad las cosas que podemos cambiar y las que no, y nos inspira sabiduría para distinguir ambas.

5. Pensamiento positivo. Es congruente con las ganas de vivir y compatible para valorar con sensatez las ventajas e inconvenientes de las decisiones que se toman. Ser positivos y optimistas no es ser ingenuos, sino estar más dispuestos a buscar información, a reflexionar, a cambiar, y a identificar vencer los miedos paralizantes. La dimensión temporal es clave en el pensamiento positivo: ¿Cómo valoramos nuestras experiencias del pasado, cuáles seleccionamos? ¿Cómo nos afectan los sucesos del presente? ¿Qué nivel de esperanza albergamos en nuestro futuro? Las personas optimistas esperan que les vayan bien las cosas, y se predisponen a ello. El pensamiento positivo estimula el sentido de la propia competencia.

6. Motivos para vivir. En tiempos inciertos, peligrosos o de sufrimiento, el sentido de la vida irrumpe con fuerza en nuestra conciencia. Las religiones son espejos donde los creyentes reflejan la esperanza, son en general una expresión del optimismo natural del género humano. Las pasiones, y no los instintos, son el combustible de la esperanza, el ingenio, el valor, y transforman a los seres humanos en luchadores incansables. El sentimiento de caducidad se transforma a menudo en una fuente arrolladora de energía, de pasión por la vida y de creatividad. Tener un plan de vida, una misión, alguien o algo por lo que merezca la pena luchar y esforzarse, es clave para la resiliencia.

ENTRENA tu resiliencia en tres pasos:

Paso 1. Vamos a entrenar nuestra resiliencia mirando hacia nuestro pasado y presente y sobre todo: a nuestro futuro. Al modo cómo queremos afrontar las distintas dificultades, más o menos duras, que la vida nos va poniendo en el camino.

En un primer momento tendrás que mirar al pasado y al presente y seleccionar aquellas dificultades que de un modo u otro, han puesto a prueba nuestra capacidad de resiliencia. No se trata de seleccionar muchas, sino las más significativas, aquellas que dejaron o están dejando huella en tu vida.

Paso 2. Ahora vamos a analizar, a poner delante de nosotros, cómo fue nuestra actitud, comportamiento, ante cada una de estas situaciones. Para ello contamos con las pelotas de pala, tenis o bádminton. Analizar si nuestra mente fue o es dura como la pelota de pala, flexible como la de tenis, o si disponemos  de un mecanismo tipo paracaídas, como la pelota de bádminton.

Paso 3.  Se trata de ir viendo una por una las situaciones difíciles que seleccionábamos en el punto 1 e ir viendo cuál fue nuestro “grado” de resiliencia en cada una de ellas y en qué medida podríamos haber incorporado (o incorporar en el futuro) alguna de esas “6 plumas” de Rojas Marcos. Te puede ayudar formularte y contestar a preguntas como: ¿por qué actué así?, ¿pude haber actuado de otra manera? Y sobre todo y para que este “entrenamiento” sea realmente eficaz: ¿cómo actuaría si volviese a pasar por cada una de estas situaciones?

Esta metáfora pertenece al libro: 12 horas para emprender tu vida. De César García-Rincón y Jerónimo García Ugarte (2018). Disponible en Amazon.