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Pala, tenis y bádminton: una metáfora sobre resiliencia

Pala, tenis y bádminton son tres deportes de pelota y raqueta. La pelota del deporte de pala, bastante popular en la zona de Navarra (España), es de goma maciza, tanto que antes de comenzar a jugar hay que dar unas paladas para “calentar la pelota”, y si esta se pierde durante el partido, antes de proseguir, hay que calentar una nueva pelota. 

La pelota de tenis es de goma-caucho también, pero hueca por dentro, con aire presurizado, lo que la hace ser menos agresiva y con más capacidad de bote y moldeabilidad, además está recubierta por fuera de un material textil, tipo fieltro.

La pelota de bádminton en realidad es media pelota de un material similar al corcho, a la que se le han añadido unas plumillas para que vuele y caiga ralentizada, como un paracaídas. Se le llama volante o pluma, y parece que su origen está en los corchos de las botellas de champagne, a los que se añadieron plumas. Esto lo hicieron varios oficiales ingleses en bádminton House, para no aburrirse: tenían raquetas de tenis, y comenzaron a experimentar con los corchos del champagne un nuevo juego.

Ni qué decir tiene que no es lo mismo recibir un impacto de una pelota de goma maciza, que de una de tenis o una de bádminton. La de goma maciza, que además es pequeña y negra, es la que más velocidad alcanza, la más impredecible por tanto, y no te da tiempo a reaccionar. La de tenis es amarilla vistosa, y es posible que la veas más, su trayectoria es más previsible, y si te impacta no te provocará un traumatismo, como sí la de pala. Y la de bádminton, es la que mejor ves venir, y como cae suavemente, la puedes recoger con tus manos.

¿Y qué tiene todo esto que ver con la resiliencia? pues mucho. La resiliencia psicológica consiste en la capacidad de superar las adversidades, de superar los golpes de la vida. La resiliencia física consiste en la capacidad que tiene un material de ser flexible a las fuerzas externas para no romperse, e incluso volver a su estado natural. La pelota de pala se erosiona y cuartea con facilidad, se agrieta y pierde propiedades debido a los golpes a que es sometida. La pelota de tenis, con el tiempo también, pero conserva más tiempo sus propiedades, a no ser que seas un tenista de élite. Y la pelota de bádminton, salvo que la pierdas, es la más duradera.

Nuestra mente puede ser dura como la pelota de pala, flexible como la de tenis, o disponer de un mecanismo tipo paracaídas, como la pelota de bádminton, para evitar que los impactos del exterior (y del interior) nos hagan daño al no tener tiempo de reacción para amortiguarlos. Digamos que “las seis plumas” que amortiguan nuestros golpes y adversidades, que nos preparan mejor para afrontarlos, son las siguientes, según sugiere Luis Rojas Marcos en su libro "Superar la adversidad. El poder de la resiliencia":

1. Conexiones afectivas. Es nuestra capacidad para comunicarnos, relacionarnos, convivir conectados afectivamente y apoyarnos unos a otros. En los momentos más duros de la vida, los lazos afectivos se convierten en nuestros salvavidas. La predisposición natural a vincularnos, alimenta nuestro instinto de supervivencia, nos hace más fuertes y seguros, nos anima a apostar por la vida y a defenderla.

2. Funciones ejecutivas. Se encargan de gobernar los pensamientos, las emociones y las conductas. Para ello es esencial la capacidad de introspección, la memoria y el auto-control, entendido como capacidad de posponer y demorar a voluntad propia las gratificaciones inmediatas, y de esta forma programar estrategias a medio y largo plazo.

3. Centro de control interno. Para la resiliencia es esencial localizar y mantener el centro de control dentro de uno mismo (autonomía), saber que el resultado está en nuestras manos y no depende sólo de otros o de las circunstancias externas. Esta capacidad está relacionada con la esperanza, al proveernos de confianza en que ocurrirá, mediante nuestro esfuerzo y enfoque, aquello que deseamos que ocurra.

4. Autoestima. Sentirnos apreciados y valiosos para los demás, con capacidad para tomar decisiones y dirigir nuestro programa de vida, es esencial para una autoestima fuerte y estable. La autoestima más estable es la que se basa en el conocimiento de nuestras debilidades y fortalezas, la que nos permite aceptar con serenidad las cosas que podemos cambiar y las que no, y nos inspira sabiduría para distinguir ambas.

5. Pensamiento positivo. Es congruente con las ganas de vivir y compatible para valorar con sensatez las ventajas e inconvenientes de las decisiones que se toman. Ser positivos y optimistas no es ser ingenuos, sino estar más dispuestos a buscar información, a reflexionar, a cambiar, y a identificar vencer los miedos paralizantes. La dimensión temporal es clave en el pensamiento positivo: ¿Cómo valoramos nuestras experiencias del pasado, cuáles seleccionamos? ¿Cómo nos afectan los sucesos del presente? ¿Qué nivel de esperanza albergamos en nuestro futuro? Las personas optimistas esperan que les vayan bien las cosas, y se predisponen a ello. El pensamiento positivo estimula el sentido de la propia competencia.

6. Motivos para vivir. En tiempos inciertos, peligrosos o de sufrimiento, el sentido de la vida irrumpe con fuerza en nuestra conciencia. Las religiones son espejos donde los creyentes reflejan la esperanza, son en general una expresión del optimismo natural del género humano. Las pasiones, y no los instintos, son el combustible de la esperanza, el ingenio, el valor, y transforman a los seres humanos en luchadores incansables. El sentimiento de caducidad se transforma a menudo en una fuente arrolladora de energía, de pasión por la vida y de creatividad. Tener un plan de vida, una misión, alguien o algo por lo que merezca la pena luchar y esforzarse, es clave para la resiliencia.

ENTRENA tu resiliencia en tres pasos:

Paso 1. Vamos a entrenar nuestra resiliencia mirando hacia nuestro pasado y presente y sobre todo: a nuestro futuro. Al modo cómo queremos afrontar las distintas dificultades, más o menos duras, que la vida nos va poniendo en el camino.

En un primer momento tendrás que mirar al pasado y al presente y seleccionar aquellas dificultades que de un modo u otro, han puesto a prueba nuestra capacidad de resiliencia. No se trata de seleccionar muchas, sino las más significativas, aquellas que dejaron o están dejando huella en tu vida.

Paso 2. Ahora vamos a analizar, a poner delante de nosotros, cómo fue nuestra actitud, comportamiento, ante cada una de estas situaciones. Para ello contamos con las pelotas de pala, tenis o bádminton. Analizar si nuestra mente fue o es dura como la pelota de pala, flexible como la de tenis, o si disponemos  de un mecanismo tipo paracaídas, como la pelota de bádminton.

Paso 3.  Se trata de ir viendo una por una las situaciones difíciles que seleccionábamos en el punto 1 e ir viendo cuál fue nuestro “grado” de resiliencia en cada una de ellas y en qué medida podríamos haber incorporado (o incorporar en el futuro) alguna de esas “6 plumas” de Rojas Marcos. Te puede ayudar formularte y contestar a preguntas como: ¿por qué actué así?, ¿pude haber actuado de otra manera? Y sobre todo y para que este “entrenamiento” sea realmente eficaz: ¿cómo actuaría si volviese a pasar por cada una de estas situaciones?

Esta metáfora pertenece al libro: 12 horas para emprender tu vida. De César García-Rincón y Jerónimo García Ugarte (2018). Disponible en Amazon.

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