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Los 7 hábitos mentales del pensamiento humanista y prosocial

Nuestro pensamiento está configurado por varios formatos, tales como imágenes, palabras, ideas, razonamientos, narrativas y también creencias. Decía José Ortega y Gasset, en relación a las ideas y creencias, que “las ideas se tienen y en las creencias se está”. Este razonamiento, que más tarde ha verificado la neurociencia, pone de relevancia la centralidad de las creencias en nuestro pensamiento, en nuestras ideas, no sólo tiñendo y dando forma a nuestras ideas, sino también, configurando nuestras actitudes y valores.

Cuando observamos a una persona o grupo de personas comportándose de modo dogmático y radical, el origen de dicha conducta verbal y no verbal, no está tanto en sus ideas, generalmente simples y polarizadas, cuanto en sus creencias gobernando y tiñendo sus ideas. Todos estamos definidos y orientados por creencias psicosociales, si bien, hay creencias funcionales, racionales y posibilitantes y hay creencias disfuncionales, irracionales y limitantes. Lo trabajaremos en algunas de las dinámicas propuestas en el libro "Pensamiento Prosocial y Humanista. Dinámicas de Grupo", en las que cito, y lo hago también aquí, al psicólogo Albert Ellis y sus conocidas creencias irracionales o limitantes, causa de muchos problemas intrapersonales e interpersonales, cuyo acertado diagnóstico es el principio básico de muchas terapias.

Y dichas creencias se instalan e inoculan con relativa facilidad en el ser humano porque están impregnadas de sentimientos, de emocionalidad: todos los populismos, de cualquier signo, apelan a lo emocional, bien evocando sentimientos románticos, bien exaltados o bien de indignación y enfado, cuando no de odio a los del otro bando. Sólo desde un pensamiento crítico y prosocial, cual eficaz escudo cognitivo, es posible hacer frente a dichas creencias radicales así como los intentos de inocularlas en las mentes individuales y colectivas.

En plena era de la posverdad, de las desinformaciones, de las fakes, de la inflación informativa o sobreinformación, se suma a lo comentado sobre las creencias, también el problema de las ideas falsificadas, mensajes incompletos, tendenciosos, reducidos, parciales… todo ello conforma un entramado mental complejo que requiere, hoy más que nunca, de buenas habilidades cognitivas y de pensamiento crítico para no quedar atrapados en dicha maraña desinformativa. Ese es también el objetivo de esta libro, y aquí aporto varias dinámicas en esa línea.

Después de analizar varios tipos de pensamiento ofrecidos por varios autores, en el año 2006 los pude reducir en 9 dimensiones cognitivas, en un primer paso, y en un segundo paso los reduje en 7 categorías cognitivas, en forma de variables dicotómicas que funcionan como eficaces hábitos mentales del pensamiento humanista y prosocial. Desde estas 7 variables, podemos definir el pensamiento prosocial como un racimo de marcos cognitivos de referencia que son precursores de sentimientos, valoraciones y conductas prosociales. Veamos cuáles son estas 7 variables cognitivas y cómo podemos enfocar desde las mismas una pedagogía de la prosocialidad, entrenando a la mente para que cultive estos siete hábitos del pensamiento:

1. Empático versus apático. El pensamiento prosocial no es sólo razonamiento aséptico, sino que está rodeado de una serie de fuerzas afectivas que le aportan claridad en la comprensión de las realidades ajenas, así como motivación interna en el empeño por aprehender la realidad y comprometerse en su transformación. Ponerse en lugar del otro, imaginarse en su realidad es trasladar el centro de uno mismo a la dimensión ajena, y comprender el mundo del otro “desde el otro”.

2. Crítico versus conformista. El pensamiento prosocial no se conforma con las descripciones y conceptualizaciones hechas sobre la realidad social, así como con una única fuente de información. Sabedor de que las realidades problemáticas están sujetas a múltiples cambios y causas, así como a variables espacio-temporales, es un pensamiento en permanente búsqueda de la verdad, en permanente actitud de apertura y cambio. Ello supone ser crítico con uno mismo y valiente para afrontar las disonancias mentales.

3. Creativo versus ritualista. El pensamiento prosocial no sigue exclusivamente fórmulas lógicas en el sentido de relaciones causa-efecto, como tampoco gira cíclicamente en torno al mismo problema para descubrir su esencia. Más bien descubre nuevas posibilidades desde los caminos menos lógicos, abierto a la posibilidad de error y aprendiendo del mismo, descartando posibilidades, haciendo que el problema gire en torno a otras dimensiones (traslación) para adquirir nuevas perspectivas, y buscando-contrastando la opinión de distintos jueces de la realidad social.

4. Dinámico versus estático. El pensamiento prosocial es dinámico, flexible, permeable, antes que algo absoluto, impermeable e inflexible. La mente prosocial tiene que saber cuándo sus marcos se han de cambiar por otros más actualizados y adaptados a cada situación particular. Ello no quiere decir que sea un pensamiento inestable o blando, más bien su fortaleza reside en su capacidad de adaptación a los contextos externos para su comprensión y el posterior compromiso social en los mismos.

5. Sistémico versus fragmentado. El pensamiento prosocial es básicamente asociativo, buscando y construyendo redes y nexos de unión entre las ideas y las experiencias perceptivas. Aprehende la realidad en forma de democracia cognitiva,  como diría Edgar Morin, integrando de modo trasversal los saberes, conocimientos y experiencias. El pensamiento fragmentado, como dice también Morin (2011) , acaba fragmentando a las personas y a las sociedades. La persona fragmentada experimenta el mundo como el paso por diferentes ámbitos inconexos, donde se representan papeles diferentes y uno se orienta desde valores incluso contrapuestos. El pensamiento prosocial está fuertemente asentado sobre unas bases o valores fundamentales, en torno a los cuales se construyen y dialogan ideas, teorías y mecanismos funcionales.

6. Constructivo versus derrotista. El pensamiento prosocial es positivo, busca la mejora del otro y de uno mismo. Se orienta al equilibrio y la armonía con la  naturaleza humana. En este sentido rechaza todo aquello que destruye al hombre y la naturaleza: la guerra, el hambre, las drogas, la injusticia, la agresión ... y facilita los datos para la construcción y reconstrucción del hombre y su mundo. El pensamiento derrotista lleva al inmovilismo y la frustración desde un “no se puede hacer nada”. El pensamiento constructivo busca siempre el camino positivo y aprende de los errores humanos para no volver a cometerlos.

7. Ecléctico versus polarizado. El pensamiento prosocial tiene que ser por lógica ecléctico antes que extremista o polarizado. La realidad social se construye y se explica básicamente desde marcos bipolares o variables dicotómicas y la combinación de las mismas en tipos ideales. El hombre prosocial es capaz de reconocerse y reconocer al otro en los polos opuestos de muchas variables, situarse o imaginarse en cada uno de ellos y desde ahí construir marcos de pensamiento y propuestas eclécticas y dialogantes, acercando posturas e ideas, algo muy importante, por ejemplo, en las diferencias interculturales e interclase, muy presentes en las relaciones entre ayudantes y víctimas.

Desde estas siete dimensiones, he dado un paso más en la definición de algunos objetivos de aprendizaje asociados a las mismas, los cuales vamos poder identificar e intuir con facilidad en las dinámicas de grupo que ofrezco en el libro "Pensamiento Prosocial y Humanista. Dinámicas de Grupo", disponible en Amazon tapa blanda.

César García-Rincón de Castro (2022)

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